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Santiago Fillol, el cordobés detrás de Sirât, que puede traer un Oscar a la Argentina

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De las películas que se ven en los cines de la Argentina, y que compiten por algún Oscar, hay una muy especial. Es Sirât, trance en el desierto, de Oliver Laxe, y tiene a un argentino muy, muy metido en ella.

Es Santiago Fillol, un cordobés que acaba de cumplir 49 años, que vivió la mitad de su vida aquí y la otra en Barcelona. Fillol es coguionista de Sirât, la historia de un padre (Sergi Lopez) y su pequeño hijo, que van a las raves en el Magreb africano, en Marruecos, a buscar a su hija adolescente, de la que no saben nada desde hace cinco meses, y alguien les dio el dato de que, tal vez, esté por ahí.

Fillol ha construido con Laxe una comunidad creadora. Ya coescribieron tres películas, y Sirât, que ganó el Premio del Jurado en Cannes el año pasado, el 15 de marzo puede ganar el Oscar a la mejor película internacional, o el correspondiente al mejor sonido.

De todo ello, del cine argentino actual y de cómo Pedro Almodóvar se metió en la producción de esta película, que presenta un hecho que deja al espectador mudo, sin palabras, habló extensamente con Clarín.

-¿Qué se propusieron con “Sirât”?

-Es una película en donde el sonido, como siempre dijo la gran Lucrecia Martel, te toca el cuerpo, llega al cuerpo y produce vibraciones que cambian tu energía… Esa intuición de animarse, a salirse de la pista porque hay muchas y nuevas imágenes a compartir con la gente. Silenciar un ratito la cabeza y abrir el corazón. Quizás es de las cosas más importantes para convidar cuando uno presenta una película como ésta, que tiene momentos muy duros y momentos muy tiernos.

A lo mejor al amor se llega después de compartir las heridas, después de realmente abrir las heridas. Y el corazón respira, respira. De ese modo, cuando algo duele mucho, hay que acordarse de que el corazón es muy grande. Entonces a lo mejor cuando duele mucho nos tenemos que acordar que hay que hacerle lugar a ese dolor, hacerle espacio en el corazón, y que cuando las emociones empiezan a crecer hay que dejarlas rebalsar. Esa, esa es la respiración del corazón. Cuando duele, hacerle sitio, y cuando crece dejar que rebalse.

“Yo estudié letras modernas en la Universidad Nacional de Córdoba, pero no terminé -dice acerca de su formación académica-, y estudié Comunicación Audiovisual en una universidad privada de Córdoba, la Universidad Blas Pascal, donde había un carácter muy técnico y digamos que mi corazón, mi formación espiritual, fue en la Escuela de Letras. Allí conocí a gente con muchísimo talento, no solo los profesores, sino también los estudiantes, de los cuales aprendí muchísimo. En mi camada estaba Carlos Busquets, Luciano Lamberti, Carolina Moncada, que es una poeta cordobesa extraordinaria, entre tantos otros”.

Córdoba, el corralito y Barcelona

-¿Estás radicado en Barcelona?

-Me radiqué en Barcelona antes del corralito, cuando todavía se podían cambiar esos pesos, que eran dólares, por pesetas. Era realmente otro mundo. Y me fui porque hice un doctorado en la Universidad Pompeu Fabra. Me gané una beca, y me fui quedando. La vida me fue llevando. Pero yo jamás me fui del país, ni me fui pensando que me iba a ir de la Argentina. Simplemente sucedió. Me gané una beca en cuatro años y empecé a trabajar en la universidad, y me encontré con una familia de cine extraordinaria, y con profesores que fueron faros, como Joaquim Jordá, José Luis Guerín. En ese momento, el máster de Documental de creación era un polo en donde gente como Isaki Lacuesta, Mercedes Álvarez y tantísimos otros estaban allí abreviando. Entonces uno se acercaba a esos grupos e iba pasando de una peli a otra, con lo cual allí empezó, digamos, todo el vínculo.

-¿Venís cada tanto a la Argentina? ¿Tenés la doble nacionalidad?

-Sí, tengo la doble nacionalidad, argentina española. Y me siento muy de los dos lados. Digamos que mi formación espiritual literaria nace de aquí. A veces mis alumnos de la Pompeu Fabra me hacen chistes de si les estoy dando cine y literatura, o cine y literatura argentina…

De profesor a amigo y coguionista

-Y en la universidad conociste a Oliver Laxe…

-Sí. El primer año que yo daba clases, Oliver era alumno y compartimos mucho. Y durante el proceso de mi primera película Ich bin Enric Marco Oliver estaba montando Todos vosotros sois capitanes, y compartimos muchísimas cosas. Yo estuve por Tánger haciendo un taller cuando Oliver vivía allí. Oliver decidió irse a vivir a Marruecos y ahí forjarse como cineasta, que es una decisión muy atípica. Y a partir de ahí quedamos enlazados cuánticamente, por decirlo de alguna manera, y empezamos a colaborar. A partir de Mimosas hemos escrito todas las películas juntos.

-Este es tu tercer trabajo como coguionista con él. ¿Cómo es su método habitual de trabajo, si es que lo hay? ¿Cómo fue que se sentaron a escribir el guion de “Sirât”?

-En esta peli, como en todas las que escribimos juntos, nuestra forma de trabajo es a partir de imágenes capitales. Hay imágenes muy fuertes que se nos presentan. Tratamos de crear, los artistas somos antenas, y si nos abrimos a dejar que algunas imágenes que no sabemos de dónde vienen abreven en nosotros, nuestro trabajo es darles lugar. Y casi que escribir un guion es ir armando puentes entre una de esas imágenes y las que siguen, ¿no?

“Bailar con la muerte”

-¿Cuál, o cuáles, en tus palabras, son los temas de “Sirât”?

-Un poco tiene que ver con bailar con la muerte, con caminar sobre esos lugares de dolor muy profundos. Y acompañarlos. Cuidarlos, darles sitio. Creemos que estamos en una sociedad en la que podemos pasar sin vivir un solo ritual. Y nos parece muy importante que el cine vuelva a ser un templo, un lugar en el que uno puede vivenciar un ritual… Podemos experimentar cosas ante una obra, ¿no? Y el cine es un espacio comunal en donde vivimos cosas muy íntimas, y a la vez conectados con el resto.

Nos parece un espacio a reivindicar, a volver a sentir que el cine puede ser un lugar no solo de ir a consumir o a comprender historias, sino también a vivenciar experiencias, a tener una montaña rusa interior por tu alma, que te haga resonar un montón de notas que no sabías que tenías y que a veces, como humanos, somos como un piano al que le tocamos siete notas, como si estuviéramos tocando Para Elisa con siete notitas.

Y a veces las obras fuertes nos hacen recordar que un piano tiene 88 notas, que hay algunas que son muy graves y que nos duelen, que nos generan una distorsión que nos sacude, que nos quita de eje, y otras cuantas que son muy dulces. Y quizá la importancia de entrar en una obra de arte, de entrar en una película, tiene que ver con recordarnos que podemos resonar con muchas más notas. Entonces, un poco ésas eran las líneas generales de decir, de enfrentar los miedos, de asumir lo inasumible y formar familia.

-¿Son amigos con Oliver?

-Somos muy amigos con Oli. Nos conocemos mucho y es un privilegio, un lujo tener el canal abierto y poder compartirnos, poder pasarnos las imágenes de un lado a otro.

El hecho que es como un golpe en el estómago

-En “Sirât” hay un hecho desencadenante, que no vamos a spoilear. ¿A quién se le ocurrió, cómo surgió que sucediera eso?

-Oliver quería trabajar con esta experiencia del dolor y de allí fue naciendo toda esta idea. A mí me vino el camino del padre con su hijo que busca a la hija, y de ahí fuimos reescribiendo un poco para llegar a movilizar las corrientes anímicas que nos interesaban, para llegar a ese final en donde estás con el alma en la mano, ¿no? Esa era un poco la intención.

-¿Cómo entró Pedro Almodóvar a producir la película? Porque no es un filme en el que uno pueda imaginar algo almodovariano. ¿Hablaste con él?

-La relación con la productora El Deseo, que son Pedro Almodóvar, Agustín Almodóvar y Esther García ha sido un lujo, fueron compañeros que han apostado por encontrarnos las mejores condiciones para que siguiéramos nuestros deseos y creyendo en que nuestra forma de trabajo, que es avanzar en el proceso e ir descubriendo cosas en el proceso, era la manera de hacer esta película. Y todas las charlas que hemos tenido con ellos han sido de un enorme aprendizaje y de una sensación de confianza, de gente que nos acompañaba en este intento de lanzarnos al vacío.

Oliver es un cineasta muy valiente, muy temerario y se impone muy genuinamente que cada una de sus películas pueda ser la última, que lo arriesguemos todo, que no calculemos nada y que saltemos a ese lugar que no tiene red.

“Belén” y la tristeza por el cine argentino actual

-“Sirât” quedó como candidata al Oscar a la mejor película internacional, una nominación a la que aspiraba “Belén”. ¿La viste? ¿Qué te pareció “Belén”?

-Me encanta. Me parece una película esencial para este momento. Y me gusta mucho el trabajo que está haciendo todo el grupo que anda alrededor de Dolores Fonzi. Admiro muchísimo el trabajo de Laura Paredes, que me parece excepcional como actriz, como escritora, como presencia artística. Cada vez que entra en una película cambia la energía. Soy muy admirador del trabajo de Piel de lava y de (la productora) El Pampero. Respeto muchísimo el trabajo de Santiago Mitre, como de tantos otros, y me pareció una película maravillosa.

Me parece muy importante el mensaje de Belén en este momento en que el olvido vuelve a ganarnos y parece que las grandes conquistas se ponen en duda. Entonces, volver a ver Belén en este momento me parece un acto de una generosidad y de un compromiso enorme por estos cineastas. Ver que el cine que está haciendo el grupo de Santiago Mitre y de Dolores Fonzi es ponerse a trabajar para ayudar a mover la energía, para ayudar a abrir corazones de la gente y que recuerden las grandes gestas y logros importantes del país. Me parece conmovedor eso. O la película de Hernán Roselli (Algo viejo, algo nuevo, algo prestado), o la película de Clarisa Navas (El príncipe de Nanawa). Estoy muy atravesado por el cine y por la literatura argentina. Son parte de mi acervo emocional.

-¿Cuál es tu opinión con respecto a lo que sucede con el cine en nuestro país?

-Y, me parece muy triste este momento, muy, muy triste. Me hubiera encantado que Belén hubiese estado nominada. Ha desaparecido un signo muy contundente para el gobierno actual, que creo que necesita recapacitar y que con amor, ¿eh?, ojalá podamos convencerlos de que es muy importante la diversidad del cine argentino. Es lo que nos ayuda a imaginarnos futuros más habitables por todos. Hay que animar a pensar otras formas de vivir. Hace falta amor y no revanchismo para que todos logremos que el cine argentino vuelva a encontrar sus canales de financiación, que estaban funcionando. Cada película argentina multiplica nuevos oficios, nuevas posibilidades de que germinen más y más cineastas.

Una de las experiencias más tristes de acompañar a la película en el recorrido internacional fue ver las pocas películas argentinas que había, y que no era porque faltaran cineastas, sino porque faltaban apoyos. Así que espero que eso vuelva a pensarse. Más allá de los colores políticos, que sintamos que eso es un valor inalienable de nuestra cultura y que lo necesitamos no solo en el país, sino afuera. El cine argentino es un faro para muchísimos, muchísimos cineastas de todo el mundo.

Yendo a la ceremonia en Hollywood

-Al margen del deseo, ¿creés que tienen chance de ganar el Oscar a la mejor película internacional? ¿Vas a viajar a la ceremonia?

-Voy a ir a la ceremonia de los Oscars. Eso es un privilegio y es un orgullo. Y entre las cosas más lindas es poder estar con el equipo, allí donde nunca imaginamos este fenómeno, y agarrarte de la mano con tus hermanos y estar viendo algo que jamás soñaste que llegara a tanta gente. Dicho esto, lo que más vértigo nos da es el rodar la película, es estar en el desierto entre tormentas de arena, teniendo la panza muy apretada, sin saber si el salto que estamos por dar va a ser compartido.

Eso es lo más vertiginoso y difícil, no son las otras cosas, ¿no? Los premios y los reconocimientos nos llenan de orgullo porque tienen que ver con una película que no sigue fórmulas, que nace de la intuición, de seguir unas imágenes y darle lugar a cosas que no sabemos. A trabajar con lo que no sabemos más que con lo que sabemos. Muchas veces las imágenes ilustran ideas y se vuelven más débiles. Nosotros intentamos que nuestras imágenes estén lo más frescas posibles al haberlas captado ahí por el aire del tiempo. No sé si lo logramos.

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