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el disco con Troilo que hay que escuchar hoy

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Este 29 de enero se cumplen 100 años del nacimiento de Roberto “el Polaco” Goyeneche, y hay un disco que lo muestra en un punto perfecto: ¿Te acordás Polaco?, el álbum que grabó con Aníbal “Pichuco” Troilo en 1971 y que hoy está en plataformas.

Lo increíble es que dos gigantes del tango, que ya se habían cruzado mil veces en grabaciones y noches interminables, recién llegaron al formato “disco entero”, al álbum, cuando a Troilo le quedaba poco.

Troilo y Goyeneche habían registrado clásicos como “Bandoneón arrabalero”, “Garúa” y “La última curda”, pero esas versiones salían como simples, desperdigadas, sin el marco de un LP. En el tango, durante décadas, la canción mandó, como ahora en el streaming. Por eso, cuando finalmente se sentaron a grabar un disco “larga duración” fue un gesto de época una forma de cierre.

En realidad hubo un antecedente en 1968: Nuestro Buenos Aires, un disco de tangos nuevos con la ciudad como eje. No funcionó como se esperaba.

Tres años después llegó este desquite, pero con una idea a la inversa: volver a un repertorio de tangos con historia y tocarlos con una intensidad que, todavía hoy, arrebata y oxigena.

Así nació ¿Te acordás Polaco?, un disco que mira hacia atrás con una lucidez singular.

El desquite de 1971: un disco con historia, con Piazzolla y sin nostalgia

La tapa. El arte del disco y la foto dicen mucho sin explicar nada: Troilo y el Polaco aparecen como dos amigos que se encuentran antes del final. Y el final estaba cerca: sería el último gran disco del bandoneonista.

El título, además, hecho curioso, no es el nombre de una canción. Es una pregunta que queda flotando, como si el álbum fuera en parte memoria, promesa y testamento.

Y es que una de las claves está en los arreglos: conviven Argentino Galván, Raúl Garello y nada menos que Ástor Piazzolla. Son tres miradas del tango en un mismo disco: lo clásico, lo contemporáneo y lo que empujaba los bordes.

Sobre ese piso, Troilo, el Buda de Buenos Aires, el japonés, el gorrión con gomina, el Gordo …suena inspirado, con ese bandoneón que respira. Y el Polaco aparece con la voz entera, antes de su etapa más recitada de los años 80.

El repertorio es un golpe de clásicos: “Tinta roja”, “En esta tarde gris”, “El bulín de la calle Ayacucho”, “Trenzas”. Y también las que llevan la marca Pichuco: “Sur”, “Barrio de tango”, “Una canción”, “Toda mi vida”.

Un disco que funciona, parafraseando la famosa obra de Benjamin Britten, como una “Guía de orquesta para jóvenes que se acerquen al tango”: muestra qué pasa cuando una orquesta acompaña a un cantor sin taparlo y cuando un cantor se adueña del fraseo sin romper la música.

Hay un detalle que confunde a muchos: el vinilo original abría con “Tinta roja”, pero varias ediciones en CD y en plataformas arrancan con “Fueye”. Y, para sumar confusión, no todas las reediciones respetan el mismo orden ni la misma presentación: cambian portada, cambian títulos o cómo aparece el listado de canciones.

No es grave, pero conviene saberlo para no creer que estás escuchando “otra versión” cuando, en realidad, cambió el orden.

Y justamente en “Fueye” está una de las mejores puertas de entrada al clima del disco. Troilo arma una pregunta con el fueye y el Polaco contesta con la voz enseguida, sin esperar la vuelta instrumental de manual.

Entra rápido, como si la conversación -de cantor y orquesta- ya estuviera empezada. Hay que escuchar la letra: es la de siempre, sí, pero la interpretación la vuelve un misterio nuevo, más abierta y sugestiva.

“Sur” y “Barrio de tango” están fuera de calendario: el tiempo les pasa de largo y conservan esa prepotencia de lo que no necesita explicación.

“Una canción”, con el arreglo de Piazzolla, sorprende por su delicadeza. Y “Fueye”, con Garello, que permite escuchar cómo el tango podía aggiornarse sin perder identidad.

El Polaco “actor”: la voz entera antes del recitado de los 80

Pero si hay un momento que expone al Polaco en estado puro es “Toda mi vida”. Ahí todavía canta entero, pero ya asoma el personaje. Escuchen, oigan, miren: estira las palabras, arrastra las erres, exagera el drama como si estuviera actuando.

Tiene algo de payaso triste: del poema “Garrick”, del Frank Sinatra arlequín de la tapa de Only the Lonely. Sonrisa torcida y fondo oscuro. Un Buenos Aires Noir, donde le duelen las palabras: “¡Es tan poco lo que falta, para irme con la muerte!”

No es una canción, es una escena. Una obra de teatro en tres minutos.

De Salgán al reencuentro final: la historia detrás del pacto con Troilo

Hoy, tiempo de escuchas dispersas, escuchado de punta a punta es un disco que muestra también algo más: cómo Troilo acompañaba a un cantor.

Tocar bien es saber cuándo sostener, cuándo abrir espacio, cuándo responder con una frase de bandoneón que funciona como segunda voz. ¿Te acordás Polaco? es un disco-escuela.

Y además, la historia detrás, la que termina de sellarlo. Troilo había empujado al Polaco a largarse como solista en el 63 -en aquel despegue apadrinado junto al binomio Baffa-Berlingieri- y le había dejado una promesa: volver a grabar juntos. Este álbum es, también, el cumplimiento de ese pacto. Dos amigos en el tramo final.

Cincuenta y tantos años después, el disco sigue vivo porque no hace caso a la nostalgia. Tiene versiones que conmueven, arreglos que no envejecen y una dupla de encuentro divino.

En el año de sus 100, el Polaco no necesita excusas para volver. Pero si hace falta una, esta es la mejor: acá está su modo de decir, al lado del fueye más querido de Buenos Aires, en un disco que parece recién grabado.

Al final, tenían razón las palabras de Pichuco en su ”Nocturno a mi barrio”: el Polaco siempre está llegando.

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