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La última versión del Gobierno sobre la razón para postergar la nueva forma de medir la inflación es la siguiente: como están seguros de que va a caer, no quieren que se diga —especialmente desde el kirchnerismo— que la baja se debe a una manipulación del índice.
Pero si se miran los números, la decisión del ministro Luis Caputo de frenar el cambio parece basarse en todo lo contrario. Según fuentes oficiales, la medición de enero que se iba a dar a conocer el próximo martes 10 arrojaba una suba promedio de los precios de más del 3% (superior al 2,8% de diciembre) versus un 2,5% manteniéndola sin cambios, un número anticipado por Caputo. Y es la razón fundamental de la renuncia de Marco Lavagna a la dirección del Instituto de Estadística Nacional.
Es que, según confiaron a Clarín, en enero los servicios tuvieron un aumento promedio superior al de los bienes. Y en el nuevo IPC, pesan o ponderan más los primeros que los segundos.
Caputo dijo que el nuevo método de cálculo se postergará “hasta que el proceso de desinflación esté consolidado”, sin fijar una fecha precisa.
En el nuevo IPC el peso de los servicios se incrementa 12 puntos porcentuales en detrimento de los bienes. Y como viene explicando Clarín, no era casual que, pese a que el INDEC tenía previsto lanzar el nuevo índice hace al menos dos años, desde el Gobierno fueron postergando su implementación hasta que avanzara el ajuste de las tarifas de los servicios para evitar que la medición de inflación arrojara valores más altos.
En varias oportunidades, en estos dos últimos años, Lavagna respondía que el INDEC no implementaba el nuevo índice por “razones institucionales”, es decir, no tener el visto bueno de Economía.
En 2024, la diferencia entre la medición con la nueva metodología arrojó una diferencia de 16 puntos. En 2025, esa diferencia se achicó a menos de 2 puntos.
Por consiguiente, se pensó que, implementando el nuevo índice a partir de los datos de enero 2026, no habría un salto en la medición de inflación.
Sin embargo, el fuerte aumento de los servicios durante enero y los que están pautados para febrero y meses siguientes llevaron a Economía a considerar conveniente frenar la nueva medición, como lo vino haciendo en estos 2 años.
En 2024, los bienes aumentaron un 96,3% y los servicios casi el doble: 189%. En 2025, los bienes subieron 26,5% y los servicios 43,1%. Con ponderaciones actualizadas, la medición de la inflación de esos 2 años hubiera arrojado porcentajes superiores.
Además, la decisión de lanzar el nuevo IPC con la medición de enero se explicaba porque el período base del nuevo IPC iba a ser el año completo (2025=100). Así, al promediar los 12 meses del año, se evitaban problemas derivados de la estacionalidad del gasto.
Por eso se interpreta que en caso de que se decida implementar el nuevo IPC, recién pasaría para 2027, en el mejor de los casos.
En el Programa Anual de Trabajo 2025/2026 del INDEC se señalaba el objetivo para 2026 de “Difundir un nuevo IPC nacional basado en los resultados de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18”. Y eso después de varias postergaciones porque, en declaraciones a Clarín, el 9 de marzo de 2021 (casi 5 años atrás), Lavagna dijo que “el nuevo IPC podría debutar a fines de 2022“, aunque deslizó alguna pequeña demora por la pandemia.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
