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En el cine, Papá por siempre fue una comedia reidera, entradora, con un pie apoyándose en la ternura y una actuación monumental de Robin Williams, que no fue candidato al Oscar en la edición de 1995 seguramente por un par de votos. Ahora la comedia musical, adaptada a su vez de la versión estadounidense estrenada en Broadway, llegó al teatro Liceo con Campi como el personaje del título.
La historia sigue siendo la misma
La trama o el centro de la historia es la misma, con algunas modificaciones. Daniel Hillard es un actor de doblaje que vive por y para sus hijos, pero cuando su esposa le pide el divorcio, como no tiene un trabajo fijo, pierde la tenencia compartida de ellos. Cuando se entera que su ex (Dani “La Chepi”) busca una niñera para que esté con los tres niños cuando ella esté trabajando, no lo duda: se presenta, disfrazado de señora inglesa (en el original, escocesa), Miranda no advierte que es él y así la Señora Doubtfire ingresa al hogar, con cama afuera.
Robin Williams en la película de Chris Columbus no hacía solo morisquetas, sino que componía un personaje que sufría por no poder estar con sus hijos, pero que ni pestañeaba a la hora de hacer lo que hiciera falta para compartir tiempo con ellos, ayudado por su hermano gay, especialista en efectos especiales y de maquillaje, para aparentar ser la Señora Doubtfire.
Campi es un muy buen comediante, a quien seguramente llamaron luego de verlo en Esperando la carroza en teatro, donde interpretaba a Mamá Cora, el personaje que inmortalizó Antonio Gasalla en el filme de Alejandro Doria. No hay por qué hacer comparaciones, por muchos motivos.
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“Clip de “Papá por siempre”
Cambios de la pantalla al escenario
Una obra de teatro no es una película, y no hay primeros planos ni montaje. Para suplir esos recursos, que en el cine son fundamentales a la hora de narrar y lograr un efecto deseado, aquí -como en Tootsie, otro éxito de Hollywood que llegó a Broadway, allí como musical y aquí como obra de teatro con Nico Vázquez- se muestra más el “detrás de escena”, cómo Daniel se transforma en la Sra. Doubtfire y viceversa.
Pero lo importante es si la obra cumple con su propósito de entretener, si va más allá de eso o si todo lo que queda es la actuación de Campi vestido de corpulenta señora.
Ni tanto ni tan poco. Si vamos por partes, sí, la obra entretiene, divierte, pero, segundo, no, no va más allá, ni siquiera a partir del deseo del hermano gay del protagonista de adoptar con su pareja un bebé: está, sí, pero es un dato más dentro de la comedia y del disparate de la trama. No hay que buscar profundidad porque ése no es el propósito. No es Kramer vs. Kramer.
Campi, muy bien
Y tercero, Campi está muy bien, conoce los tiempos de comedia, su timing es preciso y se vale de los latiguillos de la adaptación al “argentino” –ésos que hace tiempo vienen cambiando los textos originales con la teoría de que así se gana más fácil la risa del público-. Campi no es cantante, y obviamente está mejor cuando actúa que cuando entona o recita las letras de las canciones que le quedaron.
El resto, de La Chepi a Pablo Albella y los demás del elenco, cumplen sin disonancias. Entre los chicos hay una diferencia, más que de actuación, del tono de voz. Albana Fuentes, que fue La Sirenita el invierno pasado, se expresa más fuerte que sus hermanitos en la ficción, que son interpretados por diferentes chicos en las funciones. En la que vimos, Giovanna Diotto Callejón mostró una desenvoltura envidiable, algo similar también hizo Dante Barbera.
Entre los cambios, el productor del programa de TV donde Daniel barre el piso ya no es un hombre sino una mujer, pero eso sí estaba en la obra de Broadway, que en 2021 se dio en dos actos y no de corrido como ahora en el Liceo, y desde que empezaba hasta que terminaba duraba dos horas y media, intervalo incluido. Aquí, todo no llega a la hora 55 minutos.
Nunca se sabrá cómo habría sido la versión con música de Alan Menken (La Sirenita, La Bella y la Bestia, Aladdin) y libro de Harvey Fierstein (Kinky Boots), que encarnaba a Frank, el hermano de Daniel, en la película de 1994. Salvo una, no hay en Papá por siempre ninguna canción con la que uno salga tarareando al final de la función.
Comedia musical. Libro: Karey Kirkpatrick y John O’Farrell. Música y letras: Wayne y Karey Kirkpatrick. Adaptación: Marcelo Kotliar y Macarena del Mastro. Dirección: Ariel Del Mastro. Con: Campi, Dani “La Chepi”, Albana Fuentes, Pablo Albella, Alejandro Vázquez, Silvana Tomé, Dante Barbera, Giovanna Diotto Callejón, Damián Iglesias. Sala: Liceo. Funciones: de martes a domingo. Localidades: de $30.000 a $ 65.000.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
