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Por qué Timothée Chalamet es considerado el mejor actor de la generación Z

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El talento de Timothée Chalamet para la actuación es incuestionable. Pero no solo tiene un nombre difícil de escribir y recordar (dónde va la h, dónde lleva tilde; es Chalamet o Chamalet) sino que también, y hablando en serio, se ha ganado la simpatía y la antipatía del público cinéfilo.

¿Por qué? Por sus declaraciones altisonantes, por su excéntrica manera de hablar, por las campañas de promoción que hace (la de Marty Supremo da que hablar, y vamos a hablar de ella), por sus vestimentas en las premiaciones, por su ambigüedad y últimamente porque le está ganando los premios que muchos quieren que se lleve Leonardo DiCaprio por Una batalla tras otra.

Con su rostro entre juvenil y aniñado que recuerda al de Ralph Macchio, el actor de El Karate Kid que parecía que nunca envejecía, hasta en Cobra Kai, Timothée (su nombre se pronuncia correctamente Timotay) puede decir cosas como éstas:

“Oigo hablar de famosos que tienen estilistas, y eso me deja alucinado. No es mi razón de ser, pero puedo llevar ropa genial de algunos de los mejores diseñadores del mundo. ¿Por qué voy a pagarle a alguien para que me diga qué debería llevar?”

O tras audicionar para el papel de Spider-Man en Capitán América: Civil War (2016), y perder ante Tom Holland, luego decir “soy un gran hipócrita porque creo que lo más importante de cualquier audición es el momento en que salís de la sala. Si podés irte sin atormentarte, te ayudará la próxima vez. Nunca audicioné para Llámame por tu nombre, lo cual me deja alucinado. Solo hice una lectura en Nueva York”.

Para muchos, el actor que el 27 de diciembre se convirtió en treintañero, y que ya tiene 4 nominaciones para el Oscar, es un engreído. Bien que aceptó trabajar para Woody Allen cuando aún no tenía todo el reconocimiento que tiene ahora (en Un día lluvioso en Nueva York, 2019), para luego despotricar contra el hoy cuasi cancelado director de Manhattan.

Timothée pegó el salto con Llámame por tu nombre, por la que fue candidato al Oscar, y en Lady Bird, de Greta Gerwig (luego haría Barbie), pero no muchos recuerdan que ya estaba en Interestelar, de Christopher Nolan.

Como sea, Timothée ahora también produce sus películas, y es por eso que, con Marty Supremo, puede llegar a subir dos veces al escenario del Dolby Theatre el domingo 15 de marzo.

La primera, si gana como mejor actor protagónico. La segunda, como uno de los productores del filme.

Ya el año pasado había sido nominado como mejor actor protagónico por su interpretación de Bob Dylan en Un completo desconocido, una actuación como para sacarse el sombrero, y que si no ganó el Oscar fue porque los académicos decidieron darle una segunda estatuilla a Adrien Brody por El brutalista, cuando Timothée bien se lo merecía.

Y hoy nadie discutiría que el Oscar este año se lo llevaría DiCaprio por segunda vez, tras El renacido.

¿Timothée Chalamet podrá superar a Brando?

Timothée -lo escribo varias veces para aprendérmelo bien- también es noticia porque igualó una marca histórica que tenía nada menos que Marlon Brando.

Sería, a mi entender, una falta de respeto, un atropello a la razón comparar al Maestro con el joven, pero hechos y no opinión, Timothée consiguió tres nominaciones al Oscar al mejor actor a sus 30 años recién cumplidos, lo mismo que Brando.

OK, las películas por las que el actor de El Padrino fue nominado son monumentales: Un tranvía llamado Deseo (1952), ¡Viva Zapata! (1953) y Julio César (1954), y recién ganó su primera estatuilla al año siguiente, por Nido de ratas (1955).

Timothée (ya a esta altura seguro aprendieron a escribirlo, como yo) este año tiene su tercera nominación como actor protagónico, la segunda consecutiva -la primera ya dijimos fue por Llámame por tu nombre-. ¿Podrá superar a Brando?

En algo se parece al hombre que, cuando ganó su segundo Oscar por El Padrino, se negó a ir a la ceremonia y mandó a la activista Sacheen Littlefeather, ataviada con vestimenta y peinado indígena, rechazando el premio. Algo que, a todas luces, Timothée no va a hacer, jamás se perdería esa oportunidad, por nada del mundo.

En lo que se parecen es en la preocupación por la preparación para sus roles.

Como Timothée contó a la BBC, el proyecto de Marty Supremo le llegó poco después del éxito de Llámame por tu nombre, en 2018. Por si no son algunas de las 48.562 personas que vieron la película en la Argentina, ni vieron las fotos, interpreta a un eximio jugador de ping pong de los años ‘50, neoyorquino como él.

Bueno, desde el momento en que le acercaron el proyecto, Timothée dedicó todo su tiempo libre a perfeccionar lo poco que sabía jugar al tenis de mesa.

“En todos mis descansos, entrenaba tanto como podía”, dijo. Su idea era que los que practican ese deporte lo vieran como un jugador de verdad, un profesional, no como Forrest Gump (en la película, Tom Hanks “hace” que le pega a la pelotita, pero todo es efectos especiales).

No importa que le pagaran 22 millones de dólares por Duna, o 9 de la misma moneda por Wonka: Timothée se llevó su mesa portátil de ping pong a esos rodajes. Y cuando estuvo en el Festival de Cannes, con La crónica francesa, siguió entrenando con amigos.

“Hay cosas peores en la vida que aprender a tocar la guitarra o jugar al tenis de mesa a un alto nivel”, dijo con cierto grado de razón quien ya sabía tocar el instrumento de seis cuerdas, pero para interpretar a Bob Dylan se pasó cinco años con la guitarrita al hombro, tocando y tocando, ensayando y copiando.

Para promocionar Marty Supremo, Timothée hizo de todo. Desde videollamadas ficticias, a dejar que se filtrara un viejo Zoom con gente de la productora A 24 en la que sugería pintar de naranja (un tema recurrente en el filme) la Estatua de la Libertad, a entregarle camisetas y chaquetas con el nombre de la película a distintas personalidades como Frank Ocean, Tom Brady y Lamine Yamal, a influencers y creadores de contenido. Y hasta se asoció con un rapero famoso que mantenía su rostro oculto, el británico EsDeeKid, e hizo correr viralmente la teoría nacida en TikTok de que el rapero era él mismo. Luego, hasta participó con él creando música.

Timothée tiene a Hollywood prácticamente en la palma de la mano. Y se ha sumado a Christopher Nolan, Tom Cruise y Steven Spielberg en la cruzada personal de manifestar la necesidad de llevar a la gente a ver cine en los cines.

¿Si va a ganar el Oscar el 15 de marzo? Es probable, y no solo por jugar al ping pong.

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