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Falleció a los 73 años, dejando una huella importante en la historia de Huracán.
Se fue silbando bajito, sin estridencias. Como cuando le pedía al “Rata” Rubilar que encare por la izquierda y que enganche hacia adentro para meter el derechazo goleador, en los inicios de los ’90.
Jacobo sentía al Globo como propio, su sangre roja se mezcló con el blanco de la casaca del club que siempre amó. Así lo transmitió a sus hijos y nietos. “Hay que ser del Globo, el más grande de la Patagonia”, repetía.
Nació, creció y aprendió a pegarle a la pelota en las calles del Barrio Pietrobelli. Empezó en la Liga de Barrios con Estrella Blanca cuando tenía 16 años. Alguien lo quiso llevar a General Roca, pero una lluvia fuerte evitó que se acercara al club. Un par de días después hay una prueba en Huracán, se arrima, juega muy bien, hace dos goles y lo llevan urgente a Foto San Martín para tener la imagen 4×4 que se estampa en la ficha, iniciando el vínculo pasional e irrompible.
En la Quinta División festeja goles todos los fines de semana y enseguida se gana un lugar en el plantel superior. Sigue sacudiendo redes y cuando Huracán gana el Regional del ’71, integra el plantel con 19 años. Repite en el ’74 para enfrentarse con los grandes del país en esos dos Nacionales.
El lazo con Huracán se interrumpió adentro de la cancha porque a los 29 años, un inconveniente de salud le impidió seguir haciendo goles. Alentó desde la tribuna en cada Regional y lloró por cada título conseguido. A veces, se ponía la camiseta de Torino, el otro amor del barrio, para despuntar el vicio de la pelota en la red.
Después, llegó la etapa como entrenador y volvió a meterse en la cancha, ordenando y transmitiendo la mística que le enseñaron desde la cuna: “Huracán debe ganar en cualquier cancha”. Otra vez volvió a sentir la adrenalina de vivir por y para el Globo.
Ganó títulos locales en duelos míticos ante Newbery y Petroquímica. Le caían lágrimas por una vuelta olímpica o un triunfo milagroso de aquellos equipos con el Loco Llesona, Juan Velázquez, Rafa Pacheco, Sergio Rakistki, Jorge Barrera, Tony Brunialtti, Morete Amaya, Cacho Costa, Daniel Briamonte, Pichu Papescu y el “Rata” Rubilar, entre una camada de grandes jugadores.
El fútbol le enseñó a ser luchador, a buscar y conseguir los sueños que sentía desde chiquito, cuando caminaba por las calles del Pietrobelli.
Jacobo Pichintíniz fue y será siempre, sinónimo del Club Atlético Huracán.
Alejandro Carrizo
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